
Cristóbal Pera / Ensayo / Cal y Arena
245 $MXN / 212 págs / Todas las librerías
¿Qué es Cultura, querido lector imaginario? ¿Sabe usted la diferencia de esta palabrita cuando la escriben con “ce” MAYÚSCULA, con minúscula o bien, toda con ALTAS? ¿Ha visto por ahí que también llegan a combinarla con números? ¡Sí, con números!
¿Usted se considera Culto, culto o CULTO? ¿Qué todos somos cultos?, bueno, depende de si hablamos de altas, mayúsculas o minúsculas. Lo cierto es que, sin importar cuál de todas las CulTurRa5 que existen, nadie nace inculto porque nadie, absolutamente nadie, elige su cultura. ¡Qué cosas!
CIVILIZACIÓN, MEMORIA, FELICIDAD Y DIBUJITOS
¿Es verdad que hay culturas más cultas que otras? ¿O no? ¿Todas las culturas del mundo tienen el mismo valor? ¿Dícese, entonces, que ninguna cultura es mejor que otra? Ha ya, hay culturas más civilizadas, pero no por eso son superiores, ¿seguro? ¿Qué es civilización? ¿Puede haber civilización sin cultura?
¿Cuándo se hace cultura? ¿A partir de tres personas? ¡Wow! Además de personas ¿qué más se requiere para tener cultura? Sí, claro, tecnología, sí, por supuesto, una religión, ya, obvio, arte, lenguaje y un territorio donde construir esa cultura. ¿Qué? ¿También felicidad? ¿Cómo así? Yo pensé que solo se necesitaba un territorio al cual defender de aquellos salvajes nómadas que todo lo quieren conquistar. ¿Qué me dice de la memoria, del pasado, de la historia? ¿Eso es cultura? No hay cultura sin historia, tampoco hay cultura sin migraciones y conquistas y guerras. Todos vamos hacia la cultura del futuro ¿qué no? ¿Hay futuro en estos días inciertos?
Retomando el tema de la felicidad, que me parece muy interesante porque no es algo que uno compre en la tiendita de don Poncho o esté en rebajas durante los Blacksfraideys, sí creo que haya culturas más felices que otras. No me queda duda, aunque obvio surge la interrogante sobre qué es la felicidad. Evidentemente no es la misma para todos y, con esto me refiero tanto a lo colectivo como a lo individual.
¿Existen dos tipos de felicidad para medir la grandeza de la cultura? ¡Vaya! ¿Cuáles son esas felicidades, si se puede saber? Ah ya, la felicidad objetiva y la felicidad subjetiva. No me digas, de seguro nosotros, los mexicanos, que sumamos uno más de los tantos países en desarrollo tenemos felicidad subjetiva, ¿no es cierto? Por eso dizque somos fiesteros y ruidosos y nos encanta tener familias grandes y vamos por la vida inventando rituales. Sí, tiene sentido. Por descarte, deduzco que los países ricos tienen su felicidad objetiva bien bonita en sus instituciones donde la corrupción es poca, incluso ya no saben qué hacer con las cárceles porque la delincuencia se encuentra a la baja.
La felicidad subjetiva en la que habito surge de escapar -o por lo menos no estar tan de lleno- atrapada en la injusticia, la desigualdad y la violencia sistematizada. Pero no me hace menos ciega, veo cómo esa violencia no contenida ni controlada por las autoridades es transformada por los inquietos en arte de protesta. Arte que se vuelve identidad con sus colores fuertes. Por lo menos no vamos vestidos de tonos monocromáticos para anunciar una riqueza elegante, discreta, lineal.

He observado que los nuevos ricos -esas personas que logran acumular felicidad objetiva como el dinero y tienen asegurado el acceso a la salud y la educación para él y los descendientes- hacen todo lo posible para que se les note su recién adquirido capital financiero; su nueva felicidad. Se exponen por la vida y por las calles con sus joyas colgantes, sus lentes de sol mega exclusivos, sus tenis con incrustaciones de diamantes y todo lo que conlleva. Parezco envidiosa, ¿verdad?
Si algo me faltó en la vida es tener ambición objetiva. Más que gustarme el dinero para comprar cosas y no-cosas, me gusta para sentirme en paz y vivir tranquilamente con mi felicidad no llamativa que es escribir, estar con Luis, mis gatos, y hacer dibujitos. Obvio me encanta mi trabajo, ser miss de Universidad es lo mejor que me ha pasado. Creo que me deberían pagar más, mucho más, sin embargo, amo mi profesión y sé que el sistema educativo abusa y explota a la docencia a niveles incómodos que, quizá, un día, termine escribiendo sobre ello.
UTOPÍAS EN TLAXCALA Y LA CULTURA DE LA ENFERMEDAD
¿Qué te quieres salir de la cultura? ¿Del sistema? ¡Wow! Cuando lo descubras dime cómo, por favor. Agarro mis chivas y me sumo a tu causa utópica. Quizá ese lugar sin cultura y sin sistema esté Tlaxcala, con eso de que dicen que no existe.
Lo sé, somos autodestructivos en esta evolución constante de sobrevivencia. Vivimos en una cultura de la enfermedad y la estética como puntos extremos de la linea imaginaria de la vida cultural. Claro, no más mira los anuncios y ahora las Redes Sociales. Todos queremos ser jóvenes y hermosos. Negamos la vejez. A los cuerpos sometidos por algún padecimiento los ponemos en la esquinita para que se callen o se mueran y, si uno de esos cuerpos alza la voz, le aplaudimos por mostrarse, pero no pasa más porque en el fondo sabemos que no tenemos un sistema que sostenga lo insostenible. Eso sería antiprogresista.
Estoy pensando en hacerme una bichectomía para pareceme a las Kardashians. No más me faltan como unos cuantos milloncitos para ir a la cultura de los Ángeles, California, y contratar los servicios de un buen cirujano de la belleza, de esos que salen en los realitis tivi. O bueno, hacerme los ojitos azules como Ninel Conde y verme como un bombón asesino. ¿Ya vio el nuevo rostro de Jim Carrey, querido lector imaginario? Amaba a ese actor y ahora, es puro plástico facial. Estoy siendo injusta y terrible. Quién sabe cuáles fueron sus presiones sociales y profesionales para que se sumara a las interminables filas de la cirugía plástica.

¿Qué vivimos en el postmodernismo? ¿Qué tiene que ver con la cultura? ¿No es la cultura acaso postmodernista si justo nos encontramos en ese periodo? ¿Te refieres a que el postmodernismo genera la cultura de masas? ¿Dónde queda, entonces, la cultura popular? ¿Se diferencian de que una busca el entretenimiento y consume productos culturales y la otra mantiene la identidad sin lucrar con las tradiciones y las prácticas aprendidas de generación en generación? ¿El viacrucis que se lleva a cabo en Iztapalapa en Semana Santa desde hace 180 años es cultura popular o cultura de masas? ¿Pudo haber sido lo primero y luego lo segundo? ¿Pueden ser las dos cosas? ¡Interesante! Bueno, también es cierto que hay prácticas que por más dañinas que sean se siguen ejerciendo bajo la justificación de la tradición. ¿Qué me dice de la mutilación genital en niñas africanas? No me voy tan lejos, aquí en México sigue existiendo el matrimonio infantil y ahí tienes a púberes de 13 años pariendo bebés cuyos padres resultan ser hombres de 50.
¿HERRAMIENTA O INSTRUMENTO DE CONTROL?
¿Qué que te digo de la Inteligencia Artificial? Que llegó para quedarse. Lamentablemente tendremos que aprender a convivir con ella. Y fue tan rápido. Ahora mucho de lo que veo en Redes Sociales sobre temas que me parecían medianamente interesantes fueron afectados por la IA. Casualmente ya no hay faltas de ortografía. Todas tienen la misma fórmula narrativa.
La otra vez me decía alguien que defendía a esta “súper herramienta” de que la IA es un hacedor de trabajos, una lámpara de los deseos, un “algo” que nos dará más tiempo libre. ¿Qué genial no? Y qué pasa si yo no quiero eso. ¿Qué pasa si yo pienso que la IA es un gran instrumento de control? Sí, de control. Algo así como que te hago el trabajo para que, en efecto, tengas más tiempo para seguir consumiendo. ¡TODO ES CONSUMO Y ENTRETENIMIENTO! Entre más entretenidos estamos, más consumistas nos tienen.
También es cierto que el conocimiento nunca ha sido algo muy llamativo para las masas. La mayoría de las escuelas no existen para ampliar el saber crítico y científico, aunque les encanta decir que sí. Es más, pocas de ellas enseñan a pensar. Enseñan «a hacer» que es muy diferente. Ahora casi todas dicen que permitamos el uso de IA en los proyectos escolares, pero no debe superar el 25% del trabajo. ¿No le parece una paradoja, querido lector imagianrio? Y si se supera ese 25% deberemos llevar al alumno ante el comité de ética, ética queda decir, que nadie sabe con qué se come.
No me quiero meter en camisa de once varas porque sé que cada cabeza es un mundo, aunque compartamos una misma cultura y, además seamos parte de la gran cultura global. Ya platicaremos después sobre lo que se entiende por educación, escolaridad y conocimiento.
Ya me voy, no sin antes decirle que lea este libro de Cristóbal Pera, un cirujano pensante y curioso que se preguntó hasta donde el cuerpo está intervenido en la cultura. ¿Dónde está la persona culta? ¿Qué es eso de la persona culta? ¿Existe, existió, existirá? Who knows.

¿Qué es Cultura, querido lector imaginario? ¿Sabe usted la diferencia de esta palabrita cuando la escriben con “ce” MAYÚSCULA, con minúscula o bien, toda con ALTAS? ¿Ha visto por ahí que también llegan a combinarla con números?