Bien morir. Eutanasia y suicidio asistido, el difícil camino

Arnoldo Kraus / Ensayo / Semillero

30 MXN$ / 108 págs. / Todas las librerías


Estoy en el café Proscenio que se encuentra en el jardín escénico ubicado al ladito del Centro Cultural del Bosque o bien, detrás del Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Bebo un americano acompañado de agüita de guanábana y un pan de elote con cajeta. Son las 16:20 y mi tarde se extenderá hasta la medianoche. ¿Por qué estoy lejos de casa-me pregunto- y sentada aquí, completamente sola? La respuesta es simple: porque espero. Espero como esperó Penélope, la bella durmiente, como el Quijote de la Mancha. Espero como el enfermo que, bien llamado paciente, espera a sanar. Espero como el prisionero que acumula la cuenta de sus días de condena para alcanzar su libertad, o como el inocente, que vive en un estado de expectativa de un mundo bueno y seguro confiando en que las cosas algún día saldrán bien.

Esperar… de eso se trata a veces todo esto. Soy una esperadora profesional y, así como alguien dijo alguna vez que la vida se trata de elegir las batallas que uno quiere enfrentar, yo digo que la vida, más que de batallas, es sobre elegir las esperas. Al final de cuentas hay una espera que nos une a todos; la espera a morir.

ESPERAR; UN VERBO INFINITIVO

Esperaré y, mientras lo hago, leo. Leo sobre la muerte. Me asusta sí, pero quiero saber. Leo y espero a que den las ocho de la noche para entrar al pabellón escénico y presenciar el acto de dar a luz a través de la danza y el movimiento estético. El objetivo de esta pieza llamada «Alumbrar» es mostrar mediante el arte las tradiciones mayas sobre el parir y el acto social que representa el primer respiro. Luis es el iluminador de una de esas piezas. Justo ahora anda en preparativos para que todo esté listo en tiempo y forma. Es parte itinerante de esta compañía yucateca que se ha comprometido hasta las raíces para representar en movimiento los quehaceres que pasamos por cotidianos pero que, si prestamos atención, son rituales que resaltan el sentido de ser humano. Pienso, entonces, en esas otras esperas. En la espera compartida que se da en un mismo cuerpo y en un mismo instante; esperar a nacer y esperar a parir.

Esperar. Esperar (te). Esperar (me). Esperar (nos).

En la cafetería hay mucha gente, mucho ruido. Solo habemus dos solitarios. El hombre de la mesa contigua que mira su celular constantemente y yo. Espera a alguien, eso es seguro. Ojalá que llegue, pues el caballero de mediana edad ha puesto en una de las sillas vacías un pequeño ramo de flores azules. Todos los demás están acompañados, uniendo sus pulsos vitales. Ellos no saben que esperan, por lo menos no conscientemente.

Y ahí, convertida en una testigo silenciosa que mira con atención, pienso en Samara Martínez, ¿la conoce usted, querido lector imaginario?

SOLO LOS VIEJOS DEBEN MORIR

Por azares que no pretendo compartir en este momento, llegó a mis manos un ensayo breve en páginas, pero amplio en contenido. Es de Arnoldo Kraus y se titula Bien morir. Habla sobre la eutanasia y el suicidio asistido, temas que buena falta nos hace dialogar como sociedad porque pareciera que la muerte no se nombra y al no nombrarla, hacemos como que no existe, no de esa forma urgente.

Arnoldo Kraus fue un conocido médico, investigador, académico y escritor mexicano reconocido por ser una de las principales voces en el desarrollo y la difusión de la bioética en México. Autor de múltiples libros y colaborador frecuente en los medios de comunicación. Sus reflexiones, tan necesarias en estos días, abordan temas sobre el desarrollo de la laicidad con el objetivo de hacer valer los derechos del ser humano, muchas veces castigados y estigmatizados por la moral, la religión y la política. Los temas que toca, desde una coherencia legítima y un argumento claro, van desde la muerte digna, la relación médico-paciente, el aborto, el acceso a la salud como un derecho universal, el duelo, así como el uso de tecnologías para la prolongación de la calidad de vida.

Kraus entendió que el mayor reto de la vida es la decisión y el proceso de morir.
Fue un médico comprometido con los enfermos, los padeceres y la muerte como destino irrevocable.

Kraus no es del gusto de todos en una civilidad mexicana que se presume vanguardista al momento de hablar de inclusión y equidad, pero cuando se trata de colaborar con aquellos que buscan morir con dignidad, de inmediato en la masa surgen pensamientos conservadores cuya explicación se queda corta al citar a un dios institucional y de pocas miras hacia el horizonte.

Lo natural sería que el orden de la vida fuera lineal. Que mueran los más viejos para que se dé cabida a los más jóvenes. Lo natural sería que mueran los abuelos, luego los padres y así, hasta que llegue nuestra extinción humana sólo con los huérfanos que sobreviven en el plano terreno. Pero no hay nada más alejado de la naturaleza que la linealidad. Y, si bien dios fue un primer orden cuya creación nos mantuvo organizados y temerosos por algunos milenios, ahora es tiempo de darle credibilidad a la ciencia, a la ética, y a la filosofía para que la historia de la humanidad se humanice desde otros saberes.

AYUDAR A MORIR

Si así como se ayuda a nacer, ¿por qué no ayudar a morir? ¿Por qué dejamos que todo sea controlado por la medicina y sus medicamentos que, en algunos casos, llegan a tener una función limitada? Medicina que en muchas ocasiones ya no es suficiente para sostener una vida sin dolor y sólo somete al paciente a la agonía, a una espera tortuosa donde, además, se le presiona para aferrarse a la existencia obviando las implicaciones económicas, psicológicas, familiares y laborales que conlleva el sobrevivir en ese estado. Es caro vivir, pero es mucho más caro vivir enfermo, bajo condiciones crónicas o degenerativas que no tienen solución, solo aplazamiento y desgaste psíquico y emocional.

Que la idea de morir no sea un recurso artístico. Sino una realidad, un acto de acompañamiento y solidariad.

El reto para ayudar a morir radica en saber al otro desde su otredad y no desde el yo que juzga con sus creencias y limitaciones; reto complejo en la presente pluralidad que juega a favor de lo políticamente correcto, mejor dicho, en esta sociedad líquida, impersonal, rápida, cada vez más desprovista de cercanía humana verdadera. Saber al otro -dice Kraus- implica conocer a la persona que quiere morir, saber quién es, hablar con sus familiares, contar con datos suficientes sobre la enfermedad y el pronóstico. Entender primero y dialogar después los motivos por los cuales solicita apoyo para bien morir.

CUÁNDO SÍ Y CUÁNDO NO

No colaborar ni apoyar a enfermos a morir con dignidad es otra forma de acción; una acción pasiva, propia para aquellos cuyas existencias están regidas por principios religiosos que creen que la vida no pertenece al individuo, sino a dios y, por tanto, tampoco le pertenece su salud, su enfermedad o su muerte, «permitiendo» que esa criatura divina de insistencia patriarcal tome las «decisiones» dejando al enfermo sin ningún tipo de autoridad sobre sí mismo. Mientras tanto, quien desea morir es condenado a resistir más allá de sus propias fuerzas.

Son varios los países que están a favor con este tema como Suiza, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Canadá, algunos estados de Estados Unidos y, recientemente, Colombia. Urge este derecho. No es justo ni digno que, quien desea morir, deba sacar sus limitadas energías para convencer a la sociedad de un permiso que sólo debe otorgarse a sí mismo y en compañía de sus seres más cercanos.

Son muchos los casos que se han expuesto sobre personas que desean partir de manera digna. En todos los escenarios, el cáncer es la principal causa para solicitar la muerte médicamente asistida; siguen enfermedades neurodegenerativas, respiratorias y cardiovasculares. La pérdida de la autonomía y la dignidad, la incapacidad para disfrutar la vida y la preocupación que siente el enfermo hacia sus cuidadores son las principales motivaciones para solicitar la eutanasia o el suicidio asistido. En Holanda, desde el 2016, se discute y, de hecho, ya se ha aplicado ayudar a morir a personas cansadas de vivir.

SITUACIÓN EN MÉXICO

Si usted presta atención, notará un patrón en este tema. Los países que aceptan la eutanasia y el suicidio asistido suelen ser países ricos, europeos, blancos, con educación superior para arriba, sin creencias religiosas estrictas que impidan modificar sus leyes en cuanto a la concepción de la vida y la muerte.

En México, un país mestizo, con altos índices de pobreza, sistemas de educación escasos, economía inestable, credo religioso mayormente católico y cuya población mantiene un pensamiento basado en la esperanza de un cielo alcanzable, difícilmente aceptará la idea de la muerte asistida. Para muchos mexicanos, incluyendo la comunidad médica, la muerte no debe ser una decisión, sino un acto de espera, de resignación y, desafortunadamente, de agonía. Aún se mantiene la idea que ayudar a alguien con una enfermedad terminal a terminar con su vida es asesinato y la ley actual lo denomina homicidio.

ACTIVISMO POR NECESIDAD URGENTE

Samara, a quien ya le mencioné anteriormente en estas líneas y de quien, estoy segura ha escuchado hablar, es una joven periodista con un objetivo claro; solicitar la eutanasia y para ello, cambiar las leyes en México para que se le permita este derecho. Se ha movilizado en todos los medios de comunicación para hacer llegar su mensaje. Busca concientizar, sensibilizar y reflexionar sobre esta necesidad urgente. Entender y comprender es el primer paso para hacer de la muerte algo cercano y propio.

La activista, de 30 años, vive con varias enfermedades, una de ellas en etapa terminal. Después de pasar por dos intentos fallidos de trasplante, ha encontrado un propósito en la lucha por el derecho a poner fin a su vida

Desde los 17 años, Samara Martínez vive con diagnósticos de diferentes enfermedades, como insuficiencia renal crónica y lupus. Su experiencia la ha llevado a defender la muerte digna e impulsar el proyecto de la Ley Trasciende que busca legalizar la eutanasia en México.

El factor fundamental está en el albedrío como punto de partida para tomar decisiones sobre seguir con las opciones que ofrece la medicina o marcharse libre de estigmas y por la puerta principal. Quien no quiera morir de esta manera, adelante, pero que no merme la oportunidad a otros de sí hacerlo.

Samara para mí es una fuente de inspiración. Tan joven y lúcida luchando por una muerte digna para ella y para todos. Habla con una claridad que nos permite ver que no debemos temer a estos temas, al contrario; hay que dialogarlos. Decirle a nuestra familia qué queremos y cómo para el final de nuestros días.

Me parece injusto que gente con tanta vida tenga que morir. Me parece injusto que la enfermedad exista. Me parece aún más injusto que los sistemas de salud estén desbordados. Me parece injusto que uno no pueda decidir solo por haber nacido aquí y no allá. Mantengámonos con pensamiento crítico y lleno de empatía para que la Ley Trasciende sea una realidad. Demos un paso más hacia nuestra propia humanidad.

COLOFÓN

El hombre solitario que estaba al lado de mi mesa sigue siendo un hombre solitario. No llegó la persona a quien esperaba. Contestó el celular, le cambió la mirada. Pidió la cuenta y se marchó. Las flores se quedaron ahí, en un aparente olvido sobre la silla. Hay esperas que abren ciclos y otras que los cierran. Yo, sigo esperando.

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